El otro día un familiar me dejó probar su despampanante Mercedes C-220. Lo probé en mi urbanización, que tiene las calles hechas de hormigón, de hace muchos años, y con bastantes rugosidades.
El coche es espectacular, con unas prestaciones inimaginables. Le pedí que me pusiera la suspensión en modo más blando y tras el paseo le comenté: "Un coche extraordinario, precioso, futurista, pero pensado para carreteras alemanas. Para España... prefiero la suavidad y confort de un C-5 " (Botaba como una pelota)